El edificio más bonito de Logroño cumple 100 años
Desde el pasado viernes 2 de octubre tenemos el privilegio de visitar la exposición CIEN, un recorrido que comienza en 1914 con una primera piedra, continúa en 1925 con una inauguración orquestada por Alfonso XIII y sigue hasta 100 años después, descubriéndonos toda la vida que un edificio puede albergar. Es la actual @ESDIR, Escuela Superior de Diseño de La Rioja, situada en el centro de Logroño y proyectada por los arquitectos Luis Mosteiro y Antonio Rubio.
Me resulta fascinante pensar en todas las fechas y todas las personas que han pisado esos azulejos que, pese a todo, se mantienen. Comenzó siendo escuela, luego cárcel y también hospital; por sus pasillos han pasado profesores, alumnos, presos, guardias, médicos, enfermos y, de nuevo, profesores y alumnos. Desde hace cien años, todos han cruzado esas mismas puertas, altas e imponentes, que a día de hoy dan paso a aulas de moda, producto, informática o diseño, entre otras. También caminaron por suelos de madera y baldosa hidráulica, que sostienen hoy la biblioteca el primero y el precioso taller de cerámica en el piso superior, con salida a la cubierta el segundo.
Mi padre estudió allí, Industriales. Unos cuantos años después fui yo quien cursó Bachillerato Artístico. Recuerdo perfectamente mi primer día: me acompañó. Entonces, aunque maravillada tanto por el exterior como por el interior del edificio, no fui consciente de la riqueza histórica —medida en pasos de personas— que albergaba esa escuela. Hoy lo pienso y me embriaga.
Hace unos meses nos citaron allí a Rafael Lafuente (también fotógrafo) y a mí. Nos propusieron preparar un trabajo fotográfico personal sobre el edificio para conmemorar estos 100 años.
Nos hemos paseado, cámara en mano, juntos y por separado. Hemos fotografiado pasillos, aulas, escaleras, fachadas, esculturas, ventanas, cubierta, personas y mil detalles. Hemos visto cómo la luz va cambiando cada espacio y cómo, al quedarse vacía, se siente el rastro de las vivencias.
Ha sido, uno de los mayores retos fotográficos a los que me he enfrentado. El trabajo era libre: una oportunidad preciosa, un encargo que es un regalo. Lo hemos titulado Cien paseos por la ESDIR, aunque me atrevería a decir que hemos dado muchos más. Hoy podéis ver un fragmento de éste en la exposición.
Todas las fotografías —las cien— son cuadradas, como la planta del edificio. Las de Rafa, en blanco y negro; las mías, en color. Rafa persigue, en el detalle y jugando con puntos de luz, el rastro del tiempo, la memoria. Mi herramienta ha sido el enfoque selectivo, mirando el edificio desde lo íntimo, lo poético: luz suave y color sutil.
Dicho esto, os animo, a los riojanos y a todo aquel que pueda escaparse, a disfrutar de este maravilloso viaje por la historia y la cultura, comisariado por @Susana Baldor,
Según cruzas el umbral de la sala, empiezas a deleitarte y a aprender a partes iguales.
Susana, de manera magistral, ha diseñado un recorrido lleno de historia que se disfruta de forma dinámica, visual y didáctica. Lo hace a través de planos, fotografías históricas y actuales, documentos originales, piezas constructivas, postales, vídeos… ¡hay incluso un recorrido 3D por su increíble gipsoteca!
La exposición CIEN, abierta de martes a domingo, con entrada por Paseo de Dax, estará hasta el próximo 2 de noviembre. Yo ya he ido tres veces y, cada vez, he descubierto algo nuevo. Me da que aún iré alguna más.
Aprovecho este espacio para agradecer de corazón esta oportunidad a todas las personas de la escuela que han confiado en nosotros y a quienes nos han facilitado enormemente el trabajo. Algunas de ellas están fotografiadas en la exposición, otras no, pero todas forman parte de ella. Aquel primer encuentro fue con la directora @monicayoldi; también estaban Silvia, la jefa de estudios; Raquel y Miguel, de fotografía. En el camino han estado Concha, José Juan, Mariángeles, Aurora, Javier, José Miguel… Me dejo muchas, pero os lo agradezco igual.
La fotografía en general, se cataloga de buena o mala en función del estímulo que le llega a quien la contempla.
Para el observador amateur, esta catalogación suele estar relacionada con el motivo de la imagen. Una fotografía de un lugar exótico, de una tribu desconocida, o de un animal en el Ngorongoro muchas veces es criticada como buena aun teniendo una composición y una luz nefastas. En contraposición, una imagen de un rincón, una familia común europea o un perro carente de exotismo, pasa más desapercibida aún tratándose de una fotografía correcta, bien compuesta y con una luz estudiada.
Dicho esto, surge la pregunta sobre cuál es el santo grial para una buena fotografía.
Se ha hablado muchísimo sobre esto, y no seré yo quien ose afirmar tener la respuesta. En mi humilde opinión diría, que es quizá el fotógrafo o la fotógrafa quien debe, aun partiendo de una escena sin interés aparente, crear una imagen no sólo correcta técnicamente, sino también atractiva, digna.
Tal y como escribe Joan Fontcuberta en su libro El beso de Judas, Fotografía y verdad (Ed. Gustavo Gili,1997).
“El buen fotógrafo es el que miente bien la verdad”
A mi entender, una buena fotografía es aquella que de un modo u otro me transmite emociones tanto con la forma como con el fondo, o sea, en conjunto.
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