La casa ha sido reformada por completo, espacios abiertos y luminosos. Mantiene la apertura del paisaje. Las fotografías, como siempre, alternando luz día y luz artificial. Las ramas se proyectan en los estores, en las paredes, en los suelos, la naturaleza se cuela por cada rendija arropando con calidez.
El camino hasta llegar a la aldea de Posadas no puede ser más bonito. Es invierno, los árboles, ya sin hojas, franquean la carretera hasta llegar. Al bajar del coche huele a chimenea a rio corriendo y pájaros cantando (también a vacas, pero eso no lo pongo que cambia el olor conseguido).
Tres plantas, las dos primeras comparten altura, el ático es lugar para un buen libro, música de vinilo y siesta a deshoras.